Hijos de Eva

15/4/2005

Dilema del prisionero

Filed under: — Quintanar @ 11:14 pm

La teoría de juegos se usa para analizar comportamientos estratégicos donde hay dependencia mutua, es decir, donde hay que tener en cuenta el posible comportamiento de otros. Un ejemplo es el famoso “dilema del prisionero”, que suele atribuirse a A. W. Tucker (profesor de Nash). No es el único posible modelo de “dilema”, pero es el que despierta más fascinación.

Dos sospechosos son detenidos en cercanías del lugar de un crimen y la policía comienza aplicar las técnicas de interrogatorio por separado. Cada uno de ellos tiene la posibilidad de elegir entre confesar acusando a su compañero, o de no hacerlo. Existen por tanto cuatro posibilidades, que se pueden reflejar en una tabla de alternativas: que ninguno defraude, que lo hagan los dos, que lo haga el primero o el segundo.

Si ninguno de ellos confiesa, entonces ambos pasarán un año en prisión. Si ambos confiesan y se acusan mutuamente, los dos irán a prisión por 10 años cada uno, pero si sólo uno confiesa y acusa a su compañero al implicado le caerán 20 años y el acusador saldrá libre por colaborar.

Ya que las decisiones son independientes, y dado que el objetivo de cada uno es lograr el máximo beneficio personal (aparentemente), lo racional es defraudar. Pero si los dos se comportan racionalmente, ambos recibirán un castigo diez veces superior a que si no lo hicieran…

El dilema del prisionero se usa como ejemplo del clásico conflicto entre los intereses individuales y los colectivos de quienes toman decisiones, y también para justificar los beneficios de la colaboración. Por ejemplo, si en un entorno laboral se actúa de forma poco colaboradora, con objeto de proteger el propio puesto, existe el riesgo de que a la larga nadie conserve su puesto, al fracasar los proyectos.

Sin embargo, en las grandes organizaciones (y en la propia sociedad) la influencia del propio comportamiento sobre el éxito total puede ser baja. Si nadie coopera ¿por qué cooperar? (esta estrategia explica la suciedad de algunos sitios públicos…) Y si todos cooperan ¿por qué cooperar? (esta es la estrategia de muchos gorrones).

Si se aplica este problema de forma repetida a un colectivo, las estrategias se hacen más complejas. Es paradójico, pero puede justificarse que muchas de las actitudes cooperativas de los seres humanos (y de las organizaciones) se explican por la naturaleza egoísta de éstos.

[Extraído de Estratega]

Tenemos 2 comentarios para “Dilema del prisionero”

  1. watson:

    Je je je, ya sabía yo q tenía una justificación para mi no cooperación.

  2. Proletario:

    De ahí se sigue que el beneficio colectivo es siempre superior al individual.
    Y te aseguro que el ser humano no es egoista por naturaleza, pero se comporta de esa forma porque es el único modelo que conoce.
    Un individuo racional no confesará en el modelo que expones, porque las alternativas serán a) salir libre condenando a 20 años a otra persona -y eso creeme que le remorderá- b) 10 años en caso de que el otro también lo haga; cuando en el caso de que ambos sigan el mismo camino únicamente les tocará 1 triste año. Evidentemente considerando que la otra persona siguiese tu mismo camino, es decir, que fuese también racional.
    Así acaba festructuándose la sociedad actual, como cada cual es lo más egoista posible las cosas se hacen de la peor manera: yo os pago poco porque no trabajáis, tengo que supervisaros y en cuanto más ganéis menos beneficio tengo y yo trabajo poco porque como me van a pagar lo mismo da igual cómo haga las cosas.
    ¿Realmente se consigue el beneficio colectivo siguiendo nuestros “instintos” egoistas? Venga ya, ni los liberales se lo creen.

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