Hijos de Eva

2/7/2005

El matrimonio gay

Filed under: — Quintanar @ 10:57 am

Luego de Holanda y Bélgica, España será en estos días el tercer país en el mundo que habrá legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo, con todos los deberes y derechos incluidos, entre ellos el de poder adoptar niños. Es un extraordinario paso adelante en el campo de los derechos humanos y la cultura de la libertad que muestra, de manera espectacular, cuánto y qué rápido se ha modernizado esta sociedad donde, recordemos, hace unos cuantos siglos los homosexuales eran quemados en las plazas públicas y donde, todavía en los tiempos de la dictadura de Franco, la homosexualidad era considerada un delito y reprimida como tal.

Esta medida es un acto de justicia, que reconoce el derecho de los ciudadanos a elegir su opción sexual en ejercicio de su soberanía, sin ser discriminados ni disminuidos por ello, y que reconoce a las parejas homosexuales el mismo derecho de unirse y formar una familia y tener descendencia que las leyes reconocen a las parejas heterosexuales. Aunque esta medida constituye un desagravio a una minoría sexual que a lo largo de la historia ha sido objeto de persecuciones y marginaciones de todo orden, obligando, a quienes la conformaban, a vivir poco menos que en la clandestinidad y en el permanente temor al descrédito y al escándalo, ella no bastará para cancelar de una vez por todas los prejuicios y falacias que demonizan al homosexual, pero, sin la menor duda, constituye un gran avance hacia la lenta, irreversible aceptación por el conjunto de la sociedad -por la gran mayoría, al menos- de la homosexualidad como una manifestación perfectamente natural y legítima de la diversidad humana.

La ley, como era lógico que ocurriera, ha tenido adversarios encarnizados y ha generado movilizaciones diversas, entre ellas, en Madrid, una multitudinaria manifestación, convocada por distintas asociaciones católicas, respaldada por la jerarquía de la Iglesia, a la que asistieron dieciocho obispos y a la que dio su respaldo el Partido Popular, el principal partido de la oposición al Gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero todas las encuestas son inequívocas: casi dos terceras partes de los españoles aprueban el matrimonio gay, y, aunque esta aprobación disminuye algo en las adopciones de niños por las parejas homosexuales, también este aspecto de la ley es convalidada por una mayoría. Buen indicio de que la democracia ha echado raíces en España y de que, por más denostada que esté de la boca para afuera, la cultura liberal va impregnando poco a poco a la sociedad española.

Los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional y se deshacen como telarañas cuando se los examina de cerca. Uno de los más utilizados ha sido el de que, con esta medida, se da un golpe de muerte a la familia. ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿No podrán seguir casándose y teniendo hijos todas las parejas heterosexuales que quieran hacerlo? ¿Alguien, con motivo de esta nueva ley, va a forzar a alguien a no casarse o a casarse de manera distinta a la tradicional? Por el contrario, la ley, al permitir a las parejas gays contraer matrimonio y adoptar niños, va a inyectar una nueva vitalidad a una institución, la familia, que -¿alguien no lo ha advertido todavía?- padece desde hace ya un buen tiempo una profunda crisis en la sociedad occidental, al extremo de que, contabilizando el número de divorcios que crece cada año y la multiplicación de parejas de hecho que rehúsan resueltamente pasar por el altar o por el registro civil, hay quienes le auguran una obsolescencia irremediable. La paradoja es que, probablemente, sólo entre los homosexuales, que, como todas las minorías perseguidas desean ardientemente salir del gueto en que la sociedad los ha confinado, despierta la familia esa ilusión y ese respeto que en un número muy grande de heterosexuales, sobre todo entre los jóvenes, parece haber perdido. Por eso, no hay ninguna ironía en decir -yo lo creo firmemente- que es muy posible que, dentro de veinte o treinta años, las familias más estables las descubran las estadísticas entre los matrimonios gays.

Un prejuicio idéntico sostiene que los niños adoptados por parejas homosexuales sufrirán y tendrán una formación deficiente y anómala, ya que un niño para ser «normal» necesita un padre y una madre, no dos padres o dos madres. A esta afirmación dogmática y sin el menor sustento psicológico, ha respondido Edurne Uriarte de manera inmejorable: un niño lo que necesita es amor, no abstracciones. También padecen de una ceguera contumaz quienes no se han enterado de que, entre las parejas heterosexuales, cada día se descubren casos atroces de violencias ejercidas contra los niños, y, entre ellas, sinnúmero de abusos sexuales. Que los padres sean hetero u homosexuales no presupone de por sí nada; cada pareja es única y puede ser admirable o tiránica, amorosa o cruel en lo que concierne a la educación de sus hijos. Y también en este campo cabe suponer que entre quienes han luchado tanto por poder adoptar niños, ahora que lo han adquirido, asumirán este derecho con ilusión y responsabilidad.

En verdad, detrás de todos estos argumentos no hay razones, sino prejuicios inveterados, una repugnancia instintiva hacia quienes practican el amor de una manera que siglos de ignorancia, estupidez, oscurantismo dogmático y retorcidos fantasmas del inconsciente, han satanizado llamándolo «anormal». En verdad, la ciencia -la biología, la antropología, la psicología, la historia, sobre todo- ha puesto las cosas en su sitio ya hace tiempo y establecido que hablar de «anormalidad» en el dominio de la vocación sexual de los seres humanos es riesgoso y alienante. Salvo casos extremos, que entrañan criminalidad, y que de ninguna manera se pueden identificar con una opción sexual específica, en el universo del sexo hay variedades, una constelación de vocaciones y predisposiciones de las que de ninguna manera da cuenta cabal la demarcación entre heterosexualidad y homosexualidad, pues se refracta y multiplica en el seno de cada una de estas grandes opciones, como ocurre en tantos otros campos de la personalidad individual: las aptitudes, las preferencias, los gustos, las incompatibilidades, las facultades físicas e intelectuales, etcétera.

El Gobierno que ha dado esta ley en España es socialista y hay que reconocerle todo el mérito que ello tiene. Pero, para evitar confusiones, conviene re-cordar que se trata de una medida de profunda entraña democrática y liberal, y nada socialista. El socialismo ha sido a lo largo de toda su historia, en materia sexual, tan puritano y prejuicioso como la Iglesia católica. Si de él hubiera dependido, la gazmoñería y la pudibundez hubieran dictado la norma aceptable en materia de costumbres sexuales y ésta se hubiera impuesto a la sociedad por la fuerza. Por eso, en las sociedades comunistas, la discriminación y persecución del homosexual fue, en ciertos periodos, tan feroz como en la Alemania nazi, donde en las cámaras de la muerte de los campos de concentración perecieron muchos millares de homosexuales. También en el Gulag soviético padecieron y murieron gran número de seres humanos cuyo único delito era practicar una opción sexual que la «ciencia comunista» del temible Pavlov consideraba una perversión «urbano-burguesa». Carlos Franqui cuenta en alguna parte que, cuando él, como director del diario Revolución, asistía a los consejos de ministros de Cuba, a principio de los años sesenta, Fidel y sus lugartenientes preguntaron a los «países hermanos» qué política aconsejaban para enfrentar «el problema homosexual». La respuesta de la China Popular de Mao Tse Tung fue la más meridiana: «Ya no tenemos ese problema. Los fusilamos a todos». Sin llegar a esos extremos, Fidel creó las UMAP (Unidades Movilizables de Apoyo a la Producción), es decir, campos de concentración donde eran acarreados homosexuales de ambos sexos junto con criminales comunes y disidentes políticos.

Han sido las sociedades democráticas, impregnadas de cultura liberal, como los países escandinavos y los Estados Unidos, donde se ganaron las primeras batallas contra la discriminación de los gays y donde, poco a poco, se les ha ido reconociendo tal cual son: seres humanos normales y corrientes cuya opción sexual debe ser aceptada y reconocida como perfectamente legítima por el conjunto de la sociedad.

Es difícil, para mí, entender las razones por las que el Partido Popular ha apoyado la manifestación contra el matrimonio gay. Aunque es verdad que su dirigente máximo no asistió, y que tampoco estuvieron presentes sus principales líderes, que el partido la hubiera respaldado sólo puede haber contribuido a confundir y lastimar no sólo a los homosexuales que hay en sus filas sino, sobre todo, a su sector liberal, y a dar argumentos a quienes lo presentan como una formación política ultraconservadora. El oportunismo político da beneficios muy pasajeros y superficiales. Hay muchas razones para criticar al Gobierno de Rodríguez Zapatero. Su desastrosa política internacional, por ejemplo, que ha abolido a España de la escena mundial, donde llegó a tener influencia y a figurar entre los países de vanguardia. Sus ventas de armas al Gobierno demagógico del comandante Chávez, en Venezuela, que alienta y subvenciona grupos subversivos. Su acercamiento, que linda con la alcahuetería, a la satrapía de Fidel Castro, a la que trató de salvar de la condena que ha merecido de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. O sus concesiones sistemáticas a los nacionalismos, que rompen una tradición de defensa de la unidad de España del socialismo democrático de la que el Gobierno de Felipe González nunca se apartó. Pero no tiene sentido atacar a un Gobierno por todo lo que hace y, mucho menos, por haber hecho avanzar, con esta ley, la democratización y modernización de la sociedad española.

[Mario Vargas Llosa, El País, 26 de Junio de 2005.
Ver cómo se publicó (PDF, 307 KB) en el diario]

Tenemos 12 comentarios para “El matrimonio gay”

  1. manolo:

    No tengo argumentos, ni razones de ningún tipo, sólo es una cuestion estetica. No me gusta ni para mi ni para los mios ni para los que me rodean.

  2. Quintanar:

    Tú mismo lo has dicho, manolo. No tienes argumentos ni razones de ningún tipo. Eso sí, cuidado con eso de que es una cuestión de estética. Podríamos hablar durante horas sobre la homosexualidad en, por ejemplo, la pornografía dirigida a un público heterosexual (y masculino). Chicas del estilo camiseta mojada y que se sobetean mutuamente hace mucho tiempo que tienen plaza fija en estas lucrativas producciones audiovisuales. Y diría que tienen bastante éxito.

    Tienes derecho a que no te guste, obviamente. Y entiendo que pueda no gustarte para los tuyos. Sin embargo, deberán ser quienes te rodean, ellos y no otro, quien decida si les gusta o no.

  3. Javier:

    Hablar de que no hay razones científicas para dudar de los efectos perjudiciales para la sociedad y para el individuo que tiene la homosexualidad, cuando se ha apedreado a los psiquiatras, algunos de renombre internacional como Aquilino Polaino, que se han atrevido a dar su opinión. Una opinión no demasiado políticamente correcta pero perfectamente legítima y a tener en cuenta. Mi opinión no está ni a favor ni en contra, tengo lo mismo contra los homosexuales que contra el viento que sopla, lo que se ha de hacer es estudiar el tema con seriedad y no dejar que un gobierno tome medidas políticas basadas estrictamente en la política con fines políticos, por que eso no es de países progresistas, eso es de países que van de progresistas, y aún peor, eso es de países en los que, como pasa últimamente en el nuestro, ciertas personas pretenden aferrarse al poder a cualquier precio, incluso llevando a cabo proyectos a la desesperada como este, y vendrán más.
    Para mi, esto es un salto a ciegas hacia no se sabe dónde, y no me gusta por que perjudica tanto a los heterosexuales como a los homosexuales, como a los niños y cualquiera que a partir de ahora acepte como normal, algo que podría no serlo.
    Resulta irónico ver como un gobierno socialista causa tanta división social (y territorial).
    Este gobierno divide a la sociedad de la manera más brutal entre los que van de progre y los conservadores, para el resto, no queda otra opción que escuchar e intentar mantener la calma y reflexionar. No resulta nada fácil pensar con libertad puesto que abunda la violencia dialéctica y el insulto, y en cambio hay poco sentido común. En cualquier caso no estoy en nada de acuerdo con lo que he leído en el artículo.

  4. CAROLINA:

    Pienso que todo va mas alla de lo que nosotros como hombres terrenales pensemos, no me gusta juzgar a las personas y menos por sus preferencias sexuales, pero si creo que a Dios no le agrada eso!!… El creo hombres y mujeres y dijo cual seria el papel de cada uno.. Solo me gustaria que pensaran en todas las consecuencias espirituales que esto trae!
    Que Dios los Bendiga a todos, y en especial a esas personas homosexuales, quiza algun dia conozcan sobre Dios y EL pueda hacer un cambio en sus vidas. Por lo pronto los paises estan legalizando todo esto atraves de las leyes del hombre, pero realmente ese matrimonio jamas sera Bendecido por Dios que es lo mas importante!!… El mundo cada vez se pervierte mas …. A donde vamos ????

  5. watson:

    Hacia delante, hacia donde tiene que ir.

    Se supone que Dios es Amor y no Condena, por tanto, nos quiere tal cual somos, o acaso querría menos a los caracoles porque se autofecundan.

  6. Raúl:

    El ejemplo del caracol no tiene nada que ver, pues el caracol posee una naturaleza radicalmente distinta a la del hombre. Ahora bien, el tema del matrimonio homosexual va por ahí, la naturaleza del matrimonio no tolera la unión entre homosexuales, porque va contra la naturaleza del mismo.
    La homosexulidad, no es para nada algo normal, sino que es una desviación del ser humano. Desviación que es producto, la mayorí de las veces de una desviación moral. Tanto es así que está comprobado que del 100% de los homosexuales que se han tratado su problema psicológicamente el 99% se sana.
    Ahora bien, el lo que sí estoy de acuerdo es en no condenar a aquellas personas que poseen esta desviación, por la sencilla razón de que también son seres humanos a los cuales hay que ayudar.
    La ayuda eso sí no debe consistir en el fomento de la homosexsualidad, como lo han hecho algunos países, por medio de la ley de matrimonio homosexual, pues la homosexualidad en sí misma es un mal, por está contra la naturaleza del ser humano, y algo que está contra la naturaleza de algo es en sí mismo malo.
    La ayuda por lo tanto debe consistir en hacerles comprender que la homosexulaldad no es algo natural, sino una desviación e instarlos a que se traten el problema con un psicólogo.
    Ahora desde el punto de vista cristiano, a estas personas, no hay que negarles el amor que como personas se merecen, a ellos se les debe amar y mucho mas, porque los necesitan más. Ahora bien, lo homosexulales como hijos de Dios también están llamados a la santidad, por eso la iglesia no los condena, todo lo contrario los acoge como una madre para con sus hijos, y los invita a vivvir su sexualidad en castidad, como todos, la hemos de vivir.
    Al decir que la iglesia no los condena, no quiere decir que tolere los actos homosexuales, no, pues esos actos son en sí mismos malos moralmente, los actos homosexulales la Iglesia y Dios mismo los condena. A quien no condena Dios ni la Iglesia, es a la persona, pues ella puede experimentar con la gracia de Dios la conversión y arrepentirse.

  7. obed:

    es una variedad y viversidad sexual la q muchas personas no entienden y eso les tomara tanto tiempo ,,, pero asi como siguen enfrascando a la comunidad homosexual nunca tendran los heterosexuales un concepto bien definido de q es matrmonio o union de personas del mismo sexo, los derechos humanos son tan amplios y de oportunidad para todos y ya ESO DE HOMOSEXUALES BIEN AFEMINADOS ES HISTORIA ….. ahora la homosexualidad es un tipo de vida q hasta el mas macho puede tener y el ser afeminado un ESTILO,,,,,,Q se puede adoptar como un tipo de vida…. es tan amplio q les invito a seguir culturizando ese teme ..saludos obed@noruega.com

  8. sonia:

    Soy una persona, como suelen decir buena gente. Mi moralidad se basa en respetar a todo ser humano de diferentes gustos, creencias, etc.Mi moralidad se convirtió en algo sano cuando dejé de creer en esa institución llamada iglesia que no es más que el mayor montaje de la historia de la humanidad por esta parte del mundo. Que si existieran los programas del corazón cuando esta nació se pondrían las botas. Mi moralidad, por supuesto, respeta a quien crea en ellos, aunque la creencia en dios, a mi entender, no tiene nada que ver con esa organización y no pido mas que respeto para los que vivimos la moralidad de otra manera.
    Porque la verdad está en cada uno de nosotros, no de unos cuantos. Precisamente aquél que se crea con la verdad está muy perdido.Y, por cierto, el único desvío que hago en mi vida es el de torcer en una carretera para subir hacia mi casa, que está en la falda de una montaña. Lugar que disfrutan todos mis amigos, de diferentes creencias,etc, y nuestras respectivas familias. Somos dos mujeres, muy buena gente y con una moral muy sana. Con todo mi respeto y cariño: la ignorancia y la falta de respeto corrompen a quienes tocan. La ignorancia tiene posible cura pero el respeto hay que sentirlo.

  9. sonia:

    Por cierto, debo estar muy emferma porque no quiero curarme.
    Disculpad pero esto de la curación se merece un poco de sarcasmo.

  10. Kish:

    Carolina pareces una secta…
    Me importa poco q un Dios en el q no creo bendiga mi matrimonio.
    Respecto a la adopcion de los niños…si, seguramente sea menos traumatico para ellos vivir en un orfanato sin ningun tipo de «padre y madre» en China compartiendo habitacion con otros 18954 niños en su misma situacion, o mendigando en la calle, sujetos a cualquier tipo de abuso. Eso es POR SUPUESTO preferible a q vivan con una pareja de chicas o una pareja de chicos q le quieren, q se preocupan por el y q van a dar todo lo q este en su mano por hacerle feliz. Amen.

  11. Sabin:

    Estoy comlpetamente de acuerdo con Kish. Es absurdo pensar que todavía creamos que yendo al psicólogo el 99% sana su MAL, para empezar el ser homosexual no es una enfermedad, el ser INMORAL si es un verdadero mal, pero no necesariamente está casado con una preferencia sexual de género. De hecho la IGLESIA está infestada de sacerdotes y monjas con moralidad cuestionable. El matrimonio GAY le brinda a la pareja la oportunidad de exigir el cumplimiento de derechos ante las LEYES del HOMBRE en todos los aspectos CIVILES, SALUD, FALLECIMIENTO, etc. Algo que hace falta en todos los rincones en donde se encuentren personas con esta preferencia sexual, no creen que es justo que si uno de los integrantes de la pareja fallece el otro tenga el derecho de heredar todo lo que entre ambos construyeron, o que pueda decidir sobre una operación a su pareja, o su funeral. Abramos nuestra mente y seamos TOLERANTES.

  12. Sabin:

    Por cierto soy Mexicano, y SONIA, te felicito por la forma de expresarte.

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