Hijos de Eva

30/4/2005

El violinista sin techo

Filed under: — Quintanar @ 8:52 pm

Mientras disfruto de un soleado día sentado en un banco cerca del centro de Utrecht, se me acerca un tipo de aspecto amable que tiene toda la pinta de ser un sin techo. Carga con una mochila vieja aunque de calidad y una maleta que por la forma intuyo es la funda de un violín. Moreno de piel, barba de varios días, de unos 50 años, me tiende la mano y me saluda. ¡Hi man! Se acerca un poco más y se queda mirando mi portátil. Al principio desconfío un poco de él, por la pinta que tiene.

Pero esa sensación desaparece rápido, a la vez que el tipo me preguntra en inglés con un marcado acento americano, si tengo conexión a internet. Asiento, comentándole que es gracias a una red wireless abierta que hay cerca y que no está protegida. Suelta una carcajada y una ristra de tacos encadenados que apenas logro distinguir (bullshit, fuck, the hell…). Sonríe y me explica que va a comer algo a un centro de ayuda que hay cerca donde sirven una sopa cojonuda a los sin techo y que luego se sentará por ahí a leer un rato. Me enseña un libro de Stephen King.

¿Puedo echarle un vistazo a mi correo? Me pregunta. Por supuesto. El tipo me cae bien y queda descartado que sea peligroso. Me pide que vaya a yahoo. Al principio dudo un poco, pues me extraña que el tío tenga una cuenta de correo. Pero las dudas quedan despejadas cuando introduce su usuario y contraseña y aparece un buzón de entrada con 4 mensajes sin leer. Saca unas gafas de una funda, le echa un vistazo a los correos (el portátil siempre en regazo) y me comenta que él también tiene un ordenador portátil, pero que lo tiene su mujer que ahora está en Estambul. Y resulta que es cierto que su mujer está allí (ya no se si lo del ordenador es cierto, aunque el tipo se me antoja bastante sicero), pues uno de los 4 correos confirma sus palabras.

Me comenta que lleva un tempo en Holanda, tocando el violín (he acertado) y que lo hace porque le gusta. Además gana un poco de dinero que le permite sobrevivir e ir de aquí para allá y disfrutar de la vida. Le pregunto de dónde es, pues no me cuadra su cara con ese inglés americano, y me comenta que es portugués pero que vivió muchos años en Estados Unidos. Después de echarle un istazo a los otros correos (de amigos repartidos por el mundo) me da las gracias y me pregunta qué hago yo allí. Le comento que soy español y que estoy buscando un trabajo para ahorrar algo de dinero y que voy a intentar hacer un master en la universidad de Delft. Me da la mano y me desea suerte en la vida. Vuelve a darme las gracias y se despide, alejándose en busca de su sopa. Se llama Victor y me ha gustado charlar con él.

[Extraído de Excentris]

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